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jueves, 5 de julio de 2012

Palabras despiertas.


Palabras despiertas

A Javier Tinajero


“I only feel myself living… where I find nothing of my consicious thought, where my imagination is excited by feeling itself plunged into the depths of the non-self”.
Marcel Proust[1]

No hablamos con el lenguaje sino en el lenguaje; el despertar, opuesto a la noción de un Yo que ha de obtener una verdad unificadora, la cual resulta en un orden represivo al cual atenerse, estaría más bien alineado con la perdida de esa noción de Yo y con ello la pérdida de la noción de progreso. La historia ya no sería esta narrativa rígida y objetiva construida por hechos inamovibles, sino más bien un montaje: parataxis antes que sintaxis,  un espacio de experiencia presto al juego; juego que va de salvar la fugacidad antes que deificar los conceptos.

La modernidad, la historia, etc. ya no son presentados como verdades por aprehender, sino espacios a experimentar. Las manifestaciones artísticas, la ficción literaria ya no es presentada como un mero divertimento frente al rigorismo científico, descubrir la realidad o crearla, en su presente, pareciera ser una distinción que depende, como quien camina sobre el filo de la navaja, de la manera en que nos relacionamos con toda la herencia del pasado en la memoria, si este ha sido deificado en el “hecho”, o bien, recorriendo el montaje con una mirada a contrapelo otorgando una nueva luz y movilidad, en donde el despertar estético es causa del despertar político. Mirada que no va hacia “una forma subsumidora, impuesta desde arriba”[2], sino hacia el detalle y las posibilidades constelares que ahí se experimentan, ahí la posibilidad de dislocadura frente a un orden establecido, orden que no es más que la deificación ad nauseam.

“Entre las ideas enquistadas que la conciencia general guarda como una posesión y que la obstinación  de Proust, la de un niño que no se deja enredar, destruye, quizá la más importante sea la de la unidad y totalidad de la persona. …él presenta al yo empírico pleno la factura de su no identidad”[3]. Era la fugacidad, lo transitorio, lo contingente lo que Baudelaire denominaba moderno, heracliteanamente  devenir; el artista para él, el poeta que se aleja de la tradición, representa el movimiento lingüístico liberador de las formas anquilosadas y cerradas del lenguaje, ergo de la conciencia, rompiendo con las trabas caducas que nos mantienen confortablemente adormecidos. La poiesis del arte, de la literatura, desencanta el marco rígido de los conceptos. Si señalamos al comienzo aquella noción Benjaminiana respecto a como no hablamos con el lenguaje, sino en el lenguaje, despertar significa el cruce que va de ese pasado que nos silencia al otorgarnos la identificación con un rígido Yo obcecado en querer reducir todo a sus categorías, persiguiendo el fantasma de una verdad absoluta, objetiva, el progreso como un gato persiguiendo su propia cola en círculos, al momento de la renovación, en donde libres de ese Yo, habla la experiencia fugaz que nos expresa radicalmente diferentes, radicalmente cambiantes.  Es así como la herencia del conocimiento deja de estar “en la espalda de la humanidad…” [4] That’s how “Words are Buddhas”[5], diría Jack Kerouac; “Languaje withour soil”[6].

La muerte es un ave que retienes en tu garganta
mientras otras aves vienen y van
mientras tejes la ilusión de eso que llamas vida
ese mito cruel donde piensas que existes.
Existo, luego contemplo el atardecer
contemplo, luego pienso que muero
muero para que el lenguaje en el que hablamos pueda cantar.

Entre una teología materialista y una ateología religiosa habría de diluirse la noción del Yo vía la pérdida del sí mismo en un paisaje que aparece como encantado, renovado, “…todas las calles descienden… hasta un pasado que puede ser tanto más fascinante cuanto que no es su propio pasado privado”[7], La historia, es ese “paisaje formado de pura vida”[8].

Habría que perderse entre la multitud y sus calles, entre libros y rostros, como quien se pierde en la ensoñación. O en la experiencia del hachis agregaría Benjamin, o en la imaginación de la contemplación estética/literaria siguiendo a Proust. Solo entonces la verdad “…se hace algo viviente, sólo vive en el ritmo en el que la frase y la contrafase se desplazan para pensarse”[9]Verdad tal vez como ese grado de despertar a una vivaz presencia que se torna en territorio sagrado, “…de repente un tejado, un reflejo del sol sobre una piedra, el olor de un camino hacían que me detuviera por el puro placer que me daban y también porque parecían ocultar más allá de lo que yo veía, algo que me invitaban a venir a coger y que a pesar de mis esfuerzos no lograba descubrir”[10].

La obra literaria, no es ya entendida aquí como la vanidad del Yo buscando la atención de un lector, sino como testimonio de tal experiencia de disolución del Yo y mera presencia vital, testimonio en donde el texto, o las notas o trazos se enfrentan a un contenido intransmisible[11], testimonio que por tanto no es tanto un mensaje sino un enigma, una tensión entre misterio y revelación. La obra envuelve, oculta[12], como una vasija que contiene un simbolizante vacío de significado, vacío no como ausencia sino como infinita posibilidad de mutación; ausencia sí de conceptos fijos, deificados. “If you depict a bird, give it space to fly”[13].

Ocurre, tangencialmente, que el lector o espectador adecuado, como un traductor que responde a la exigencia de traductibilidad de la obra, se dirige, desde su propia experiencia, hacia dicha obra transmutando el simbolizante vacío de la vasija, el cual no ha de ser mirada directamente, “Light, invisible to my eyes”[14], en un simbolizado concreto, y sin embargo fugaz: esto es mero movimiento lingüístico-estético liberador de las formas anquilosadas del lenguaje ergo de la conciencia, que luego sigue su propia trayectoria, es decir que a su vez, permanece como simbolizante vacío. Esto es y esto sin perder de vista la cualidad vacía de estas constelaciones de nuevos significantes, su cualidad presente que es una cualidad fugaz, subjetiva. Despertar:  “felicidad… una libertad frente al objeto que da a éste más de lo suyo que si se lo integrase despiadadamente en el orden de las ideas”[15].

Dicho despertar estético no puede ser sino también político. Jamás político a la manera de un arte ideológico como herramienta de un adoctrinamiento, de nuevo ahí aparecen la noción rígida de verdad como régimen de opresión-obediencia. “Nuestro tiempo desconfía, creo que con razón, del papel social de la literatura: baste recordar los estragos provocados por el compromiso político, el realismo socialista o el frenesí revolucionario. La literatura, es cierto, parece degradarse cuando persigue un fin concreto, cuando soporta una ideología explícita. Porque cualquier ideología es, de entrada, una forma excluyente de otras variedades de pensamiento. En cambio, en su expresión más amplia, más libre, la ficción nos permite ensanchar nuestra idea de lo humano. Con ella no sólo conocemos otras voces y otras experiencias, sino que las sentimos tan vivas como si nos pertenecieran. …la literatura nos hace humanos”[16].

Aquellos trabajos teóricos o artísticos, que alteran la conciencia, nuestra forma de percibir el mundo y por ende de experimentarlo, por extensión alteran la sociedad[17]. Si el Ulises de Joyce es una obra revolucionaria nos dice Bolivar Echeverría[18] no es porque en ella haya un mensaje pro-comunista,  sino porque la obra “refuncionaliza en sentido democrático  la relación entre narrador y lector consagrada por la técnica narrativa de los grandes novelistas del siglo XIX”[19]. Para Benjamin destruir la estructura social establecida, era violar las esquematizaciones de su pensamiento desde un momento de reconstrucción en la experiencia individual, siendo así, los mismos contenidos de dicha estructura “rescatados”, “renovados”, “redimidos”, puestos en manos como posibilidad revolucionara, un acto de apropiamiento, en constelaciones de significados conectadas con la experiencia presente, logrando el  instante lleno de posibilidades de transformación opuesto a un poder hegemónico adormecedor.
O para ser más concisos, un despertar estético es necesariamente político, en tanto que cuando las cosas son vistas de distinta manera, las cosas cambian. Decía John Cage:“ I have tried in my work to free myself from my own head. I would hope that people would take that opportunity to do like wise”[20].

Eduardo Medina Frias

Bibliografía
Adorno Th. W. “Notas sobre literatura”. Ed. Akal. Madrid 2003.
Bass Jaquelynn. “Buddha Mind in Contemporary Art”. University of California Press. Berlkey, L.A. London. 2004
Benjamin Walter. “Ensayos escogidos”. Ed. Coyoacán. México 1999.
Benjamin Walter. “Libro de los pasajes”. Ed. Akal. Madrid 2011
Benjamin Walter. “El autor como productor”. Ed. Itaca. México 2004
Buck-Morss Susan. “Walter Benjamin: Escritor Revolucionario”. Ed. Interzona. Buenos Aires 2005.
Nancy Jean-Luc. “The Ground of Image”. Fordham University Press. N.Y. 2005
Richter Gerhard. “Languaje Without Soil”. University Press. N.Y. 2010 (Apartado: Alexander García Düttmann: “Without Soil: A Figure in Adorno’s Thought”).


[1] Marcel Proust. On Reading. Penguin 1994. p15. Citado en: Buddha Mind in Contemporary Art.  University of California Press 2004. p.147
[2] Th. W. Adorno. Pequeños comentarios sobre Proust. Notas sobre literatura. Akal 2009. p.194
[3] Ibid. p.197.
[4] Walter Benjamin. Citado en: Susan Buck-Morss. Walter Benjamin. Escritor Revolucionario. Interzona 2005 p.17
[5] Jack Kerouac.  Iluminaciones.  Muy bien, me enferman / todas estas iluminaciones / esclarecimientos / enmudezco nuevamente / la mañana delicada, azul, / firmamento a través del árbol. Allen dice: «Cuando las personas / se vuelven religiosas, / comienzan a alimentar / a todo el mundo.» La humildad es beatitud / La generación beatífica. / Una roca es como el espacio / porque ella no se mueve: / el espacio es como una roca / porque está vacío. /Las palabras son Budas. Texto editado en Budas y otros poemas. Arquitrave Colombia 2005 p.27 (Para fines de este trabajo entendemos la palabra Buda, en su traducción literal del sánscrito como: ser despierto; traducción tomada de: The Shambhala Dictionary of Buddhism and Zen.  Shambhala Press. Boston 1991).
[6] Alexander García Düttmann. Without Soil: A Figure in Adorno’s Thought. University Press. N.Y. 2010
[7] Walter Benjamin. Libro de los pasajes. M1,2.  Akal 2011
[8] Ibid. M1,4.
[9] Ibid. M1a,1.
[10] Marcel Proust. Citado por Benjamin. Ibid. M2a,1.
[11] Walter Benjamin. La tarea del traductor. En Ensayos escogidos. Ed. Coyoacán. 2008
[12] Ibid.
[13] Eleanor Rosch. If You Depict a Bird, Give It Space to Fly. On Mind, Meditation and Art.  En Buddha Mind in Contemporary Art.  University of California Press 2004. p.37
[14] Jean-Luc Nancy. The Ground of Image.  Fordham University Press. p98.
[15] Th. W. Adorno. Ensayo como forma. En Notas sobre literatura. Akal 2009 p.31
[16] Jorge Volpi. Yo soy una novela. Artículo publicado en Nextos en línea: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2099175
[17] TH. W. Adorno. Who’s Afraid of the Ivory Tower. En  Languaje Without Soil. Adorno and Late Philosophical Modernity.  University Press. N.Y. 2010
[18] Bolivar Echeverría en su presentación a El autor como productor, de Walter Benjamin. Itaca 2004.
[19] Ibid.
[20] John Cage. Conversing with Cage.  Limelight Editions N.Y. 1994. p215. Citado en: Buddha Mind in Contemporary Art.  University of California Press 2004. p.67

1 comentario:

  1. En efecto, las palabras despiertan, y nosotros las montamos en busca de algún significado que nos de el asombro suficiente para revelar la espesura absurda de la existencia. Este artículo que escribiste está lleno de ese asombro (tremendamente compartido). Palabras que se inflaman en cobrar sentido. Leña para fogatas crispadas.

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